LAS PARADOJAS ALREDEDOR
DEL TEMA DE LA TIERRA

Cecilia López Montaño
Bogotá, Marzo 4 de 2013

 

Existe un claro consenso en Colombia sobre la relación que hay entre la tierra y el desarrollo rural con el conflicto armado que aqueja a este país. Numerosos autores lo plantean desde distintas perspectivas, pero todos coinciden en que sin resolver los serios problemas estructurales que impiden una distribución equitativa de la tierra, una mayor productividad de las actividades agropecuarias y un cierre real de la brecha de calidad de vida entre la población rural y la urbana, será imposible no solo la paz sino la equidad, el crecimiento sostenible y la mejor inserción internacional del país.

Una pequeña síntesis demuestra la gravedad del tema: Desde el año 2000, aumenta el coeficiente de Gini de tierras, del 0,88 al 0,89; 1.5% de propietarios son dueños del 52% de la tierra cultivable; 4.9 millones de hectáreas se dedican a la agricultura, mientras 39,5 millones de hectáreas se usan en ganadería extensiva e ineficiente . Actualmente solo Paraguay supera a Colombia en concentración de tierras.

No debe sorprender que el tema de la tierra en Colombia se encuentre actualmente sometido a un gran número de paradojas sobre las cuales no parece haber suficiente conciencia. Paradojas que en última instancia repercuten sobre la situación de la población rural que vive en la pobreza, en medio del conflicto y alejada de los ojos del país urbano. La primera tiene que ver con el proceso de las negociaciones de paz dado que, por su intrínseca relación con el desarrollo rural, termina estando en el centro del primer punto de la agenda. Cuando el avance en el proceso depende del consenso entre las partes de fórmulas de desarrollo del campo, estas se enfrentan a la profunda concentración de la tierra, a su perversa asignación entre ganadería y agricultura, al poder político de los terratenientes y a la historia de violencia del país alrededor de la tierra.

Una segunda paradoja nace de la existencia de las dos locomotoras, minería y agricultura, que compiten por su uso. El gobierno y sectores importantes del país, le apostaron a la minería cuya contribución explica el crecimiento actual de la economía, mientras otros sectores productivos o decrecen como la industria o se estancan como la agricultura. Y una tercera paradoja se desprende de alguna manera del conflicto por la tierra entre el desarrollo minero y el agrícola y consiste en cómo asegurar que las próximas generaciones tengan acceso a la riqueza natural que aún tiene el país sin frenar el desarrollo minero-energético.

Cómo enfrentar estas paradojas, en cuyo centro está el tema de la tierra,  en medio de unas negociaciones de paz, con una economía que no logra insertarse fácilmente en el mundo global y que además tienen serios problemas de desigualdades sociales, económicas y regionales, es un reto que requiere de la generación de consensos entre diversos actores sociales. ¿Será mucho pedir? Probablemente sí.

¿DONDE ESTÁ EL EJE CENTRAL QUE PERMITIRÍA ABORDAR Y RESOLVER ESTAS PARADOJAS?

No es la primera vez que el tema de la tierra se aborda con preocupación por los gobiernos, como tampoco es original que el sector rural entre a la agenda nacional. Sería injusto asociar esta incapacidad para resolver las paradojas anotadas a la carencia de políticas públicas. Ha habido muchas de diversos calibres y sin embargo poco o nada cambia, y las contradicciones sobre el mejor uso de la tierra, sobre como abordar su injusta concentración permanecen como paradojas con el inmenso costo que llevan implícitas.

Con respecto a la primera paradoja, entre el poco desarrollo rural y su prioridad en la agenda de las negociaciones de paz, el Gobierno llega a la mesa con una propuesta desde las víctimas, loable, pero con profundos vacíos en lo productivo en el campo. Más aún, nunca ha quedado suficientemente claro que esperan de la devolución de tierras a aquellos que las perdieron en medio de la violencia. ¿No será que existe una agenda oculta: que ante la violencia y la falta de incentivos reales para regresar y producir, las víctimas terminarán vendiendo las tierras devueltas a los terratenientes de siempre? Por fortuna la sociedad civil, convocada por las FARC, hizo el aporte productivo que faltaba. Parecería que no se quiere tocar el problema estructural de la concentración de tierra en manos de los poderes económicos y políticos locales.

El conflicto del uso de la tierra entre agricultura y minería, es el reflejo de las verdaderas prioridades del Estado colombiano: crecimiento económico, inversión extranjera, gran empresa multinacional. Como el sector rural no solo viene estancado sino que su recuperación implica grandes reformas agrarias, tocar los intereses de poderosos y además, esfuerzos de largo plazo, es más funcional impulsar la minería. ¿Qué hay detrás? Una visión cortoplacista del crecimiento, una subestimación del desarrollo humano, de la equidad y un claro temor a tocar la estructura de poder prevaleciente.

Y finalmente, ¿cómo explicar la paradoja que se plantea alrededor de la tierra y la necesidad del manejo ambiental que no destruya la riqueza existente y además preserve esta oferta para las próximas generaciones? El haber tomado la decisión de que el modelo de desarrollo colombiano es minero-energético cuando las reglas del juego en minería son débiles y cuando no existe la institucionalidad ambiental adecuada para garantizar un desarrollo con los menores costos ambientales y sociales posibles, demuestra que esta paradoja realmente no existe. La prioridad es crecer, con unas gotas de solidaridad y con algunas acciones remediables solo cuando es absolutamente evidente el abuso de la minería con el medio ambiente. ¿A quién beneficia esta decisión? Dada su escasa capacidad distributiva y las libertades que tienen estas actividades para afectar el medio ambiente, el desarrollo minero energético no toca los intereses de quienes siempre se benefician del desarrollo.

En síntesis: se cambia todo para que todo siga igual. Y cuando se trata de traer al debate temas estructurales como la concentración de la tierra, la distribución de los beneficios del desarrollo, la mejoría de los índices de concentración del ingreso, aumentar la participación de los salarios en el ingreso nacional, reducir todas las desigualdades existentes y políticas sociales universales para garantizar los derechos a todos, los círculos de poder económico y político frenan cualquier iniciativa.

¿Dónde está el eje de las paradojas planteadas? Acemoglu y Robinson en su libro "¿Por qué Fracasan los Países? dan luces. Son las instituciones colombianas que estos autores identifican como de naturaleza extractiva, "diseñadas para extraer ingresos y riqueza de un subsector de la sociedad para beneficiar otro subsector, el eje de las paradojas. Más aún, afirman lo que es un retrato de la política colombiana. "Todas las instituciones son creadas por la sociedad" y la Política es el proceso por el cual una sociedad escoge las reglas que la van a gobernar. Si la política es excluyente crea instituciones económicas que responde a los intereses de unas elites. Si la distribución del poder es limitada sus instituciones políticas serán absolutistas."

¿Por qué estas elites van a querer cambiar estas instituciones políticas? Si lo que los beneficia es el solo crecimiento económico y este se genera en la minería, ¿por qué iban a apoyar un desarrollo rural que les obligaría a distribuir sus tierras, a pagar impuestos por latifundios improductivos y a hacer cambios tecnológicos que generan costos adicionales para minimizar impactos ambientales?

¿La esperanza? El proceso de paz como lo mínimo, para que se inicie un replanteamiento de la sociedad colombiana. 

Red “Diálogos Rurales” coordinación de Santiago Perry. Enero 2013.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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