ECONOMÍA: UN CAOS APASIONANTE
Y TRASCENDENTAL

Cecilia López Montaño
Washington D.C., Mayo 27 de 2013

 

Está sucediendo lo impensable: ese mundo bastante mejor que el nuestro, el de los países industrializados, ha dejado de serlo y hoy no logra salir de una crisis de tal magnitud, que hasta el Papa Benedicto XXVI ha cambiado su discurso. Más que temas tradicionales, hoy se refiere a la economía, sobre el modelo que han seguido los países, y que arrojan una juventud sin esperanzas, una pobreza que golpea a quienes no lo esperaban, y que agrava la situación de quienes siempre la han vivido. Recientemente, un editorial de una prensa nacional afirmaba que el Papa está diciendo cosas más interesantes que los Nobel de economía.  Sin embargo, como decía mi madre: "Más tiene un rico cuando empobrece que un pobre cuando enriquece". Por lo menos para los turistas, París sigue siendo París, y con demasiados pobres en la calle, Madrid sigue siendo Madrid. 

Pero la historia no termina allí. Nosotros ya no somos uno de los países subdesarrollados sino uno de aquellos en desarrollo. Quien lo hubiera creído hace solo una década, porque además estamos creciendo más que los que han disfrutado por años de una gran prosperidad y que visitábamos en busca de modelos a seguir. Además, y esto es aún más insólito, no obstante estar más globalizados, enfrentamos ésta crisis de los países ricos mucho mejor que antes. Sin embargo, continuamos con altos grados de injusticia, de desigualdad, con instituciones débiles, y por lo menos algunos, buscando con desesperación una agenda gubernamental, como afirmó recientemente nuestro Ministro de Hacienda en el encuentro del Banco Interamericano, refiriéndose a América Latina.

Una revisión de trabajos reconocidos, confirma que la economía, sus recomendaciones y, por consiguiente, sus discusiones, podrían calificarse de caóticas. No hay fórmulas ni simples ni claras, y mucho menos definidas relaciones de causalidad, que podrían hacer la vida de los formuladores de políticas públicas mucho más fácil. Por lo menos en Colombia hay consenso alrededor del objetivo de empezar el proceso de paz y eso ya le da a la agenda gubernamental y a la sociedad un punto de partida, aunque este se limite por ahora, al debate sobre cómo construirla. Sin embargo, sobre la economía hay toda clase de recetas. 

Un estudio sobre crecimiento y equidad de la OCDE, club de países ricos al cual el Presidente Santos aspira a que Colombia entre, y que probablemente lo logrará, señala que en el período de más crecimiento mundial, entre 1998 y 2000, aumentó la desigualdad en esto países. Durante el período anotado, el GINI se deterioró entre los países de la OCDE en un 10% y creció en 17 de los 22 países que lo conforman. Lo interesante es que en el proceso de explicar sus causas, las conclusiones son caóticas.

Plantea el estudio, que se ha dado mucho debate sobre la globalización como la principal causa de la mayor inequidad, pero enseguida afirma que la evidencia es mixta. Investigaciones demuestran que en algunos casos, la liberación comercial ha incrementado la desigualdad en países con altos y bajos salarios, pero otros estudios sugieren que las mayores importaciones de los países en desarrollo están actualmente asociadas con descensos en la desigualdad de países avanzados. ¿Entonces, en qué quedamos? Algo similar sucede con los avances en tecnología: el Fondo Monetario en 2007 sugiere que "el progreso tecnológico tiene un mayor impacto que la globalización en la desigualdad al interior de los países", pero la OECD afirma que en la práctica, es imposible separar los dos fenómenos, globalización y cambio tecnológico, y ya se sabe que la globalización puede actuar positiva o negativamente sobre la equidad. Su conclusión, "la evidencia empírica sobre los elementos claves que generan inequidad no son nada concluyentes." PLOP!!!

Probablemente la mayor confusión sobre el impacto de ciertas políticas económicas ha girado sobre las bondades de la austeridad fiscal para resolver la crisis financiera de Europa y Estados Unidos frente a la creación de mayores estímulos estatales. Los oponentes de la austeridad plantean el freno del crecimiento económico, y los oponentes a los estímulos se preocupan por el endeudamiento y los desequilibrios fiscales.  Mientras Paul Krugman afirma que arreglar el déficit en EEUU sería desastroso y aboga por aumentar el gasto público, Keith FitzGerald dice que "Krugman puede ser hoy, el último economista que creyó en el mundo plano". Al final, como asegura Jeffrey Frankel, todo depende… y es esa capacidad para entender el contexto lo que garantiza la política económica adecuada. Pero mientras tanto, los defensores de una u otra política, llenos de argumentos, generan caos.

"¿Como pudieron los economistas equivocarse tanto?" Afirma Krugman: "Cuando profesionales de MIT y de la Universidad de Chicago creían haber resuelto problemas como la recesión, en el 2008 todo se derrumbó. No fueron capaces de prever las "catastróficas" consecuencias de las fallas de la economía de mercado." ¿Quien tiene la razón?

Mientras en el mundo industrializado los economistas siguen en un duro debate sobre cuáles serían las políticas económicas más adecuadas para la crisis, en Colombia el crecimiento está lejos del 6%, la pobreza está en 34%, el campo rezagado, nuestro Gini es vergonzosamente alto y nuestros impuestos sobre PIB vergonzosamente bajos. ¿Será que los nuestros se las saben todas? Estos profesionales salen de nuestras universidades y muchos terminan en el exterior, en centros de formación que están siendo cuestionados. Por eso no es sano subestimar la discusión sobre la formación universitaria en Colombia. Por el necesario cambio que podría darse en nuestras políticas públicas y en el papel del sector privado de manera que mejore el rumbo del país, el debate sobre la responsabilidad social de las universidades no puede ni subestimarse ni molestar a nadie…

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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