REGIÓN CARIBE

¿POR QUÉ PERSISTE LA POBREZA?

Cecilia López Montaño
Cartagena, Enero 5 de 2013

 

La respuesta es compleja y difícil porque las razones son múltiples pero hay algunas obvias que no se plantean porque implican juicios dolorosos. Las últimas cifras del DANE sobre pobreza y equidad, que el Presidente de la República ha destacado como muy positivas, encierran la cruda realidad de la Región Caribe. Ni siquiera el departamento del Atlántico está por debajo del promedio nacional, 34,1% y tampoco aparece entre los cinco departamentos con la menor incidencia de pobreza. Para el resto de los departamentos los niveles de injusticia social siguen siendo inexplicable altos. No puede ser aceptable que entre los 10 departamentos del país con mayores niveles de pobreza, aun con las "generosas" nuevas mediciones, 6 pertenezcan a nuestra región: de mayor a menor, Córdoba, Magdalena, Guajira, Sucre, Cesar y Bolívar. Como si estas cifras no fueran ya suficientemente graves, cuando se trata de pobreza extrema, entre los cinco que duplican el promedio nacional del 10,6%, tres son caribeños, La Guajira, Córdoba y Magdalena. Solo Atlántico, 5%, está muy cerca de Bogotá D.C., con el nivel más bajo del país, 2,0%.

La reacción emocional de la Región es echarle toda la culpa al centralismo. El comportamiento de Bogotá que está muy lejos positivamente del resto del país, sin duda, refuerza esta posición. La verdad es que cada día la capital del país se aleja más en términos de desarrollo del resto de zonas del país pero sobre todo de la Región Caribe. Sin embargo, una mirada más objetiva no puede quedarse en esta parte de la respuesta. El caso extremo es Córdoba. Mucha riqueza en recursos naturales y una clase dirigente, políticos y latifundistas o empresarios de la política con demasiado poder, han resultado ser una mezcla perversa que lejos de incorporar población pobre y marginada a la modernidad han continuado desplazándola y empobreciéndola. Córdoba es el único departamento del país en el que la pobreza extrema ha aumentado en los últimos años.

El caso del Magdalena es bastante parecido. La misma combinación de cierto tipo de dirigencia en medio de recursos naturales mundialmente reconocidos, no ha logrado cambiar la proporción de su población más pobre. En menor grado, esta situación se repite en toda la Región, inclusive en el Atlántico y en Bolívar, capitales que tienen desarrollo portuario, industrial y comercial, la primera, además de mucho turismo la segunda. 

Estas realidades permiten plantear una verdad innegable: nunca la pobreza ha sido la prioridad de las clases dirigentes costeñas para no hablar de la concentración de ingresos que es un tema a tratar otra columna. Tener ejércitos de gente a su servicio para atender las necesidades de los pudientes, ha sido una de las grandes ventajas de estas históricas injusticias. Se les trata amablemente pero no se les paga bien y queda en absoluta evidencia que no les interesa reducir estos niveles de ingresos precarios.

La otra verdad es que el costo de una clase política muy poderosa, que pasa de generación en generación, que posee amplias extensiones de tierras y controla toda la burocracia, la pagan los sectores marginales de esta sociedad. Y aquí, Bogotá tiene una dosis grande de responsabilidad porque estos líderes feudales son mimados por todos los Gobiernos nacionales a quienes les ha importado más los votos que la transparencia, eficiencia y conciencia social de los líderes regionales. Si esto no cambia, no habrá ninguna posibilidad de un Caribe colombiano del siglo XXI.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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Enero de 2013

 
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