NO SON LOS PARTIDOS,
NO ES LA POLÍTICA… SON LOS POLÍTICOS

Cecilia López Montaño
Bogotá, Febrero 25 de 2013

 

A excepción de las directivas de los partidos políticos colombianos que parecen vivir en una nube, pocos se han sorprendido con los resultados del estudio del Barómetro de las Américas. No le va bien a Colombia, cuyos partidos solo le inspiran confianza a un 31% de la población y escasamente una cuarta parte de los encuestados tienen simpatía por un partido político. No es esta la situación de Chile y otros países que aún tienen partidos con fuerte respaldo de opinión. Pero la verdad es que la manera más fácil de cosechar insultos en nuestro país, es cuando a una persona la califican escuetamente de "político o política." Sin duda no es justo porque muchas personas siguen ejerciendo esta noble profesión como se debe, pero se pierden entre la maraña de malos individuos que la usan para crear monarquías políticas y enriquecerse.

Los partidos tradicionales se han vuelto una barrera para aquellos que tienen ideas pero pocos votos. En vez de apoyarlos para que logren el apoyo popular, los expulsan, los excluyen. Además, como se reconocía por parte de muchas latinoamericanas que habían tratado de ser las candidatas presidenciales de sus partidos: "para una mujer es más fácil llegar a la Presidencia de un país latinoamericano, que lograr la nominación del partido respectivo". La misoginia se ejerce.

Como la solución no es la anti-política porque lleva al caudillismo que ya se conoce en América Latina, muchos han pensado que el problema son estos partidos tradicionales que entre más antiguos más vicios tienen. Practican una moral muy especial que les permite admitir a todos los que tengan votos así sean el producto de prácticas anti democráticas e ignoran los pecados de sus barones electorales. Pero resulta que estos vicios no son exclusivos de los viejos partidos luego quedan descartados. Se debe admitir, sin embargo, que sin partidos, ¿cómo se resuelven civilizadamente, las naturales contradicciones propias de toda sociedad libre? Bella definición. También, ¿cómo se puede decidir la forma de organización de una sociedad si no es a través de la política que tiene su base de acción en los partidos? Otra bella concepción.

Estas organizaciones que se suponen frescas y nuevas, empiezan a demostrar rápidamente problemas similares. Sin saber cómo ni cuándo, se empieza a cerrar el círculo del pequeño poder en unos cuantos y poco a poco se van excluyendo a los que no están de acuerdo. De democracia muy poco. Las ideas, el respeto por el valor de los demás, pasan a un segundo plano y lo que importa son los votos, vengan de donde vengan y cueste lo que cueste en términos de unos compromisos iniciales. "Si no se participa en elecciones desapareceremos", es la frase que justifica no usar mejor el tiempo construyendo una alternativa ideológica. Pero lo más grave es el ego de sus miembros más reconocidos que terminan tomando decisiones pensando solo en su futuro. Y como si fuera poco, también son misóginos. Las mujeres son histéricas y los hombres sencillamente tienen carácter, así se comporten como niños regañados cuando se está en desacuerdo con sus acciones.

¿Será más bien que no se ha entendido qué es la política? Y existen muchas señales que podrían demostrar la validez de esta afirmación. Sí, la política colombiana ha perdido su norte. ¿Pero quien cambió su rumbo? Porque manejar una sociedad sin política es imposible y otros países la conciben y la ejercen con menos males. El problema es que sin política no se puede manejar una sociedad; no pueden convivir las distintas ideas que permiten los cambios en el poder. Además las alternativas son entonces peores: la dictadura, por ejemplo, pecado que no ha sido el más frecuente en Colombia.

¿Dónde se encuentra esa barrera para que la política pierda ese perverso camino lleno de corrupción, de paramilitarismo, con alta dosis de violencia? ¿Quien tiene la responsabilidad de impedir que se renueve el ejercicio político para que tanto partidos tradicionales como nuevas agrupaciones permitan el verdadero ejercicio de esta profesión? Fácil, como diría mi nieto: son los políticos el verdadero problema. Esos individuos que saben de manzanilla, de cómo hacer "arreglos" para conservar el poder. Que son magos para convencer a multitudes esperanzadas con un  cambio y que al final, cuando no cumplen, salen orondos. Y van desde los que no cumplen, pasan por los descarados nepotistas hasta llegar a aquellos que ponen sus ambiciones personales por encima de los intereses de los demás.

Estos personajes están en todas partes: en los partidos tradicionales pero también en los nuevos grupos y como presumen de ser "figuras nacionales", dominan esos nuevos sectores a donde llegan los ingenuos convencidos de que se puede limpiar la política. Aquellos que creen que es posible encaminarla para que sea el verdadero instrumento que garantice la equidad, la solidaridad, la inserción exitosa en el mundo global, la no violencia, la no discriminación, la equidad de género, y todo eso que a lo que aspira un ciudadano del mundo actual. Pero no. Mientras no salgan del escenario nada cambiará.

Solo la ciudadanía, hoy convertida en el nuevo actor social, tiene la posibilidad de generar este profundo cambio. Cuando el apoyo a las ideas supere el valor de los votos; cuando nuevas organizaciones de la sociedad civil se puedan volver partidos políticos sin cargar con los costos del viejo ejercicio de la política, se renovará la clase política colombiana y se convertirá en el motor de ese cambio que ya con angustia espera la mayoría del país.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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Febrero de 2013

 
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