OPORTUNIDAD DEL BICENTENARIO
DE BARRANQUILLA

Cecilia López Montaño
Washington D.C., Abril 8 de 2013

 

Con éxito se han promocionado los 200 años de Barranquilla no solo a nivel local sino nacional. Hoy todos los periódicos hablan de esta celebración, y no solo de sus características que la diferencian de otras ciudades, como su alegría y tolerancia, sino de los nuevos vientos que se identifican en su economía. Se reconoce cómo el modelo proteccionista que adoptó el país en la primera mitad del siglo XX, le hizo daño a esta ciudad y cómo fue objeto de un saqueo permanente por parte de una clase política corrupta que se adueñó del poder.

Hoy se plantean grandes proyectos entre otros el acabar con el pecado de una ciudad que le dio la espalda al rio, algo que ninguna urbe importante en el mundo ha hecho. Se habla de sus avances en salud, y se reconoce que en vivienda tendrá nuevas soluciones para los más pobres. Desde hace algunos meses se insiste en que será Barranquilla la gran beneficiada por los Tratados de Libre Comercio que el Gobierno negocia con el mundo a toda velocidad.

Es verdad que Barranquilla tienen un futuro promisorio especialmente como consecuencia de una de las grandes falencias del país: su carencia de infraestructura. Su puerto, al que habrá que invertirle mucho y manejarlo mejor, es un gran atractivo para que empresas nacionales que quieran exportar se trasladen a esta ciudad, así como aquellas financiadas por inversión extranjera.

Sin embargo, cuidado con el triunfalismo y las falsas promesas. Con respecto a la política no es totalmente cierto que se haya renovado totalmente, y la verdad, es que persisten muchos líderes cuyas familias han saqueado a la ciudad y además, sigue la peligrosa mezcla de política y negocios. Aunque es innegable que hay menos escándalos, la verdad es que estos no han desaparecido y todavía ex funcionarios de gran prestigio en la ciudad están respondiendo ante los entes de control, no precisamente por su comportamiento angelical.  Se ha mejorado la situación pero no tanto como se dice.

Pero el tema de mayor relevancia es que estos nuevos vientos de progreso que tanto se anuncian, no vuelvan a dejar amplios sectores de la ciudad, del departamento del Atlántico y de la Región Caribe, por fuera de los beneficios futuros. Barranquilla tiene una fama muy bien ganada de centralista, tanto en el departamento como en la Región. Que no se repita este fenómeno porque resulta inexplicable que en el Sur del Atlántico, en medio de estas festividades, la gente siga viviendo en cambuches, llena de necesidades insatisfechas. ¿O es que ellos como no son barranquilleros no cuentan? Asimismo, ojo con Soledad, con Malambo y municipios que son dormitorios de Barranquilla. Si Soledad sigue siendo un foco de corrupción, de politiquería, de pobreza, de desamparo, eso le costará en seguridad a Barranquilla. No se olviden de eso; y algo similar puede pasar con otros municipios aledaños. No hay derecho que al lado de la modernidad de Barranquilla, Malambo siga como si los últimos 50 años no hubiesen pasado. Algo similar puede decirse de las amplias zonas marginadas de la ciudad, donde la juventud ni estudia ni trabaja.

Este es un llamado a bajarle al triunfalismo y ha reconocer que existe una agenda pendiente: demasiada pobreza; una clase media muy reducida, demasiada segmentación económica y social. Y por último, la necesidad de que las decisiones políticas y económicas no se tomen solamente en los salones del Country Club de Barranquilla.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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