LAS INDELICADEZAS DE LOS GOBERNANTES

Cecilia López Montaño
Bogotá, Mayo 20 de 2013

 

Por imperfectos que sean los regímenes democráticos en América latina, para llegar al poder y concretamente a la Presidencia de la República, se requiere tener como individuo una serie de habilidades. No es el caso del ascenso por sangre que llevó muchas veces a individuos sin vocación, sin compromiso e inclusive sin cualidades fundamentales para dirigir una sociedad, a reinar en amplios territorios del mundo. Unos más inteligentes que otros u otras; unos más preparados que otros u otras; unos más hábiles que otros u otras, pero sin duda es imposible llegar a ganarse las elecciones sobretodo presidenciales, si no se demuestra alguna capacidad, alguna habilidad y por lo menos algo  de conocimiento y liderazgo. Sorprende por lo tanto que una vez en altas posiciones, gente capaz cometa errores obvios que oscurecen su trascurrir por lo público.

Lo que le está sucediendo a la Presidenta de Costa Rica es absolutamente doloroso. Una mujer inteligente, que se preparó como pocas, que tuvo la oportunidad de hacer carrera, pasando por diversas posiciones lo que le permitió conocer las grandes limitaciones a que se enfrenta un Jefe de estado, haya caído en semejante escándalo. Lo triste es que independientemente de todo lo positivo que haya hecho durante su presidencia se verá absolutamente opacado y solo quedara la marca de una indelicadeza. Así no estuviera de por medio un empresario colombiano cuestionado, lo cual ha hecho la falta mucho más grave, el solo hecho de viajar, sin autorización fuera del país, o aun con ella, en un avión de una empresa privada, que sin duda depende de decisiones  del gobierno, ya es razón suficiente para el grave cuestionamiento que se le hace. Se compromete en principio la independencia que todo funcionario y más aún el Presidente de un país, debe que tener. Ojalá sobreviva políticamente a este escándalo.

Pero no es el primer caso ni será el último. La pregunta pertinente es ¿por qué con tanta frecuencia se les van las luces a altos funcionarios del Estado, aquí y en Cafarnaúm, ante casos evidentemente inconvenientes? Donde queda su inteligencia, el criterio que han demostrado en sus carreras y por lo cual han llegado a altas posiciones. ¿Qué será lo que obnubila a muchos dignatarios que los lleva a cometer gravísimos errores frente a hechos obviamente inconvenientes? ¿Qué capacidad tienen el poder para que se pierda el norte tan fácilmente?

Las golosinas del poder, rodearse de gente con más afán de complacer que de frenar actos peligrosos, y creer que el poder convierte a la gente en todopoderosa, pueden ser algunas de las explicaciones. Por ello es fundamental algo que puede parecer incómodo en principio pero que es la salvación de muchos mandatarios: tener a su alrededor gente proba, crítica, que ni se deslumbre por el poder y que entienda que su labor no es complacer al mandatario, sino evitar equivocaciones graves para el país que gobierna, primero que todo, pero también para su propio prestigio.

Obviamente la sociedad misma debe poder límites: las puertas giratorias entre el gobierno, las empresas privadas, los negocios, las entidades financiadores internacionales y nacionales, deben ser rechazadas masivamente. La sanción pública para aquellos que han cometido serias infracciones pueden ser en muchos casos mucho más eficiente que medidas de justicia que en estas sociedades tan estratificadas a veces no funcionan, por desgracia. Pero vale repetir la pregunta: ¿Por que las virtudes que llevan a muchos al poder desaparecen con frecuencia cuando llegan a la cúspide? No es suficiente aceptar como una realidad que el poder corrompe.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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