¿QUIEN VIGILA AL VIGILANTE?

Cecilia López Montaño
Washington D.C., Mayo 27 de 2013

 

Lo que está sucediendo con el Procurador General de la Nación es inexplicable, injustificable y exige algún tipo de reacción. Es absolutamente elemental saber que cuando se es funcionario público, solo se aceptan homenajes cuando ya se ha salido del cargo o cuando se está al borde de la muerte. Pero resulta que ahora, nuestro singular Procurador, anda de homenaje en homenaje; el primero en Medellín, el segundo, según fuentes de alta fidelidad, se está organizando en Cali, y con seguridad, seguirán otros. Para contrarrestar las críticas que se escuchan todavía en voz baja, él ha salido a aclarar que no quiere ser candidato a la Presidencia. Como dicen nuestros padres… "Explicación no pedida, acusación manifiesta".

Si el alto funcionario está lleno de vida, de energía y además acaba de ser reelegido, ¿para qué son estos homenajes? Obviamente para hacer política, lo cual está claramente prohibido para aquellos que están en cargos públicos. Es tan creíble su negación de querer llegar a la Presidencia como la de Navarro Wolf, que sin querer queriendo, actúa como tal cada vez que se le acerca a un micrófono. Y si no está en campaña, ¿por qué acepta estos homenajes? gastando plata y tiempo del erario público, en vez de dedicarse a ejercer sus funciones, cada vez más complejas, en un país lleno de problemas, de falta de transparencia… para decirlo de manera suave.

La pregunta obvia que nadie responde es ¿quién vigila al vigilante? Imposible pensar que no exista forma de frenar estas claras incursiones en política del Procurador General de la Nación, título pomposo que está quedando bastante desdibujado gracias a sus posiciones personales, a su capacidad de defender a sus amigos y de castigar a sus enemigos. Triste definición para este cargo.

Si de verdad no hay forma de controlar las Funciones de la cabeza de esta importante institución, algo se tiene que hacer porque es inadmisible lo que está sucediendo. El afán de pescar en río revuelto tiene a muchos funcionarios del gobierno dedicados a venderse en las regiones, incluyendo a aquellos que nunca salían de su oficina, como los Ministros de Hacienda. Y como el mal ejemplo cunde, si no le pasa nada al Procurador General de la Nación, con mayor razón, todos los demás se sienten con patente de corso para hacer lo propio. 

Bienvenidas nuevas figuras a la política nacional y regional. Pero que su promoción no se haga con los recursos públicos y haciendo méritos para llegar a la Presidencia de la República a través de sus obligaciones como funcionarios del Gobierno o del Estado. No solo es indebido sino que le quita toda posibilidad de llegar al poder a aquellos que por estar por fuera del Gobierno, solo pueden mostrar lo que hicieron y sus virtudes personales esperando que la gente se acuerde. Es claramente "una pelea de toche con guayaba madura", para usar otro de los sabios dichos de nuestros antepasados, y que todos hemos adoptado.

Las consecuencias de estos comportamientos de los funcionarios que no cumplen la ley son muy graves. Así es como se consolidan vicios actuales de la política, como el nepotismo, el arraigo de ciertos círculos de poder, la exclusión de otros, con todos los efectos negativos que esto puede traer. Se trata de mejorar la política, no de hacer la más excluyente, más injusta y más llena de vicios. Por favor, que alguien responda ¿quién vigila al vigilante?

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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