POBREZA Y DESIGUALDAD

Cecilia López Montaño
Cartagena, Enero 7 de 2013

 

América Latina, una región de ingreso medio que históricamente se ha caracterizado por su profunda desigualdad económica y social que no se compadece con sus riquezas naturales e inclusive de recursos humanos, ha optado de manera relativamente exitosa, por estrategias encaminadas teóricamente a reducir la pobreza. Actualmente, empezando por los Organismo Internacionales incluyendo a la CEPAL, atribuyen este éxito de tener menos pobres a las políticas de Transferencias Condicionadas, bajo el nombre de Bolsas de Familia en el Brasil, Familias en Acción en Colombia, Oportunidades en México, entre muchas otras. Con políticas similares pero también con mayores tasas de crecimiento económico y mejores empleos, Chile, ha sido el más exitoso de todos, al reducir los niveles de pobreza en 20 años, del 40% al 13% hoy.

Colombia desde el gobierno de Andrés Pastrana entró a ser parte de este grupo y finaliza el 2012 con el anuncio del Presidente Santos de que el país ha bajado sus niveles de pobreza entre el 2010 y el 2011 del 37,2% según la nueva metodología al 34,1% y con la metodología anterior del 44,2 al 37,2%. Independientemente de las discusiones sobre la nueva metodología, que muestra grandes diferencias con la anterior sobre todo en los indicadores rurales, la verdad es que la pobreza en Colombia está bajando. El país ha crecido relativamente bien, se ha reducido un poco el desempleo abierto y la inmensa informalidad parecería no siempre ser tan mala opción para algunos. Entre otras, porque el verdadero trabajo decente aún en sectores formales como la industria y los servicios modernos, cada vez es más limitado ante la indiferencia de las autoridades nacionales y locales. 

 La pregunta de fondo es si con estas estrategias "exitosas", América Latina se volverá la sociedad igualitaria que el mundo espera. Chile es el ejemplo perfecto para demostrar lo equivocado de esta premisa. Aún con una reducción tan significativa en la proporción de población pobre, sus niveles de concentración de ingresos siguen siendo parecidos a los de Colombia, de los más altos del mundo. ¿Por qué? Porque como lo aseguran ex funcionarios de gobiernos de la Concertación, le dieron mucho a los pobres pero le dieron más a los ricos. Y el resultado ha sido algo preocupante: perdida de gobernabilidad porque si no se reducen las desigualdades, las poblaciones ahora con mayor capacidad, se rebelan y el Gobierno pierde posibilidad de acción, lo que afecta no solo la estabilidad política sino la economía.

Sin duda es más fácil bajar pobreza que reducir desigualdades porque lo primero se logra momentáneamente con limosnas pero lo segundo requiere precisamente esos cambios estructurales en áreas que a través del tiempo han garantizado los privilegios de las élites: impuestos bajos para los ricos, concentración de la propiedad urbana y rural, y sobre todo, del poder económico y político en manos de unos pocos. Mientras esto no cambie podrá llegar la Región a pobreza del 10% pero no se logrará construir sociedades equitativas por lo que se volverán ingobernables.

Es ingenuo pensar que con el mismo modelo de desarrollo con un poquito de corazón se logrará la equidad. Solo se podrá con un esquema de desarrollo muy distinto al actual que empiece por la realización de las reformas postergadas de acceso igualitario de todos los sectores a la propiedad, a los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. En fin, llegar a la verdadera democracia, donde los que más tienen aporten más para el beneficio de todos. Donde se acepte el principio liberal de que sin Estado no hay mercado. Y para no decirnos mentiras, Colombia esta muy lejos de lograr la decisión política que conduzca a ese nuevo contrato social que cambie el modelo "extractor" que tenemos como lo reconoce Robinson, el nuevo gurú de la economía.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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