SORPRESAS TE DA LA VIDA,
LA VIDA TE DA SORPRESAS

Cecilia López Montaño
Bogotá, Enero 21 de 2013

 

Como dice la canción de Rubén Blades, Pedro Navaja, "Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas". Y eso es exactamente lo que está sucediendo con las últimas columnas del ex Ministro Rudolph Hommes, una en El Tiempo, otra en el Heraldo y la m'as reciente, en Portafolio, en las cuales no solo apoya la necesidad de una reforma agraria sino que defiende la producción campesina. Hace 33 años, exactamente en 1990, nadie se hubiera podido imaginar esa postura de un ministro del gobierno de la apertura, periodo durante el cual fue precisamente el campesinado, los pequeños productores, los que perdieron 1 millón de hectáreas en cultivos transitorios. Como habrá sido el golpe que recibió el sector rural, especialmente el campesinado, que hasta hoy no ha sido posible sacarlo del estancamiento. Obviamente hay muchas otras razones, pero ese es uno de los pecados del gobierno Gaviria que permanentemente se recuerda.

Pero este interesante viraje es relativamente reciente. El año pasado, en un artículo "La Paz y la Agricultura Comercial" que recogió Anncol como la postura de un neo-liberal sobre la agricultura, Rudy afirmaba: "Obstaculizar con criterios sin fundamento esta posibilidad, (Gran agricultura en los Llanos), que para comenzar a hacerse realidad solamente requiere que se inicie la carretera de Puerto Gaitán hacia el Orinoco y que se abandone la miopía fiscal, o hacer depender el desarrollo de esta región de lo que puedan hacer adjudicatarios campesinos en parcelas pequeñas o medianas es una grave equivocación. Esta tierra exige enormes inversiones por hectárea para hacerla productiva, y solamente los grandes cultivos de empresas nacionales y extranjeras o las asociaciones entre propietarios tienen acceso a los recursos que se necesitan para desarrollarla." El subrayado es mío.  Este era el principio de Carimagua que tanto defendió el gobierno Uribe y que para algunos, sigue siendo el interés oculto de este gobierno que sin embargo tiene un mayor toque social.

Bien por Hommes que ante la evidencia que el señala, aportada por el estudio de José Leivovich y su equipo, y presentada no hace mucho por economistas como Albert Berry y muchos de sus alumnos, plantea nada menos que "los minifundios y los pequeños productores tienen una productividad por hectárea muchas veces superior a la de los grande productores, a tal punto que si se le cediera (arrendara, vendiera, adjudicara o aún si se le entregara en aparcería) el 20 por ciento de la tierra de grandes productores a los pequeños podría aumentar la producción agrícola en más del 30 por ciento y mejorar sustancialmente su distribución."

Pero hay mucho más. Lo que Hommes recoge del trabajo de Leibovich y sus colegas da pie para fortalecer una de las grandes críticas que se le han hecho hasta ahora al Ministerio de Agricultura y que se evidencian en su Proyecto de Ley de Desarrollo Rural: el gobierno insiste más en los problemas de las víctimas, su reparación, la restitución de sus tierras, lo que está bien, pero abandona algo fundamental, la parte productiva. Por ello muchos hemos insistido en que falta una verdadera política de Desarrollo Rural que comprenda todos los elementos necesarios para asegurar su mayor productividad. Señala Hommes, de nuevo basado en el estudio anotado, que "(…) Los productores que han recibido capacitación tienen un ingreso promedio 53% superior que el de los que no la han recibido. El ingreso promedio de los que tienen acceso a asistencia técnica es 2,2 veces el ingreso de los que no la tienen. Los que reciben crédito ganan en promedio 80% más que los que no lo reciben".  Más aún, "Las unidades productivas pequeñas con acceso a crédito y asistencia técnica son 3 veces más productivas que las que no tienen acceso a ninguno de estos dos servicios. El ingreso promedio per cápita de los productores que tienen transporte es 3 veces superior que el de los que no tienen acceso."

Cuando los social demócratas hemos dicho cosas similares, nos convertimos en seguidores de las FARC, pero ahora que un reconocido neo-liberal lo afirma, es imposible ponerle el mismo cartel. Es muy probable que ahora sí la SAC, que por fortuna ha resultado más progresista que Fedegán, replanteé su posición de que el minifundio es tan problemático como el latifundio ineficiente. Se lo hemos escuchado a Absalón Machado, a Jaime Forero y a muchos más, algo que tiene tan sorprendido a Hommes que ha cambiado su posición: si no fuera por la productividad del minifundio, del pequeño campesino, los colombianos no tendríamos esta increíble oferta permanente de alimentos que disfrutamos cuando llueve, cuando no llueve, o sea, siempre.

Este reconocimiento sobre la mayor productividad del pequeño productor, que iba causando una dura pelea en un seminario reciente en Cartagena, es la entrada para que se de la deseada reforma rural, que ojalá se convierta en la revolución pacífica más importante de la historia del país. No solo se contribuiría a una paz duradera sino que se pagaría la inmensa deuda social que Colombia tiene con 10 millones de campesinos y campesinas. La población que a pesar de todo, del olvido, del conflicto, del desprecio del país urbano y de sus dirigentes, sigue contribuyendo al bienestar de todos. Hoy, una buena sorpresa nos ha dado la vida.  

Solo queda una duda: ¿será posible que los otros economistas ortodoxos que todavía dominan el poder en Colombia, sufran el mismo shock social que le ha cambiado a Rudy muchas de sus ideas? Pero no nos entusiasmemos demasiado que muchos no solo son tercos sino triunfalistas, entre otras, porque nadie les pasa cuenta de cobro.  

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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