LOS NUEVOS DESAFÍOS DE LA
DESCENTRALIZACIÓN

Cecilia López Montaño
Bogotá, Febrero 4 de 2013

 

Todavía en círculos cerrados se discuten los problemas de la descentralización pero también se plantean sus ventajas. La elección popular de alcaldes y gobernadores, cuando se evidencia su captura en muchas regiones, por parte de mafias políticas y de las otras, y cuando crecen los movimientos populares para pedir la revocatoria de sus mandatos, está siendo cuestionada.  Hasta donde se está ejerciendo una verdadera democracia cuando familias enteras copan estos espacios y ejercen sus prácticas clientelistas y de robo descarado de los recursos públicos, a través de alcaldes elegidos por ellos, es la pregunta que muchos se hacen en el país.

Un tema que empieza a plantearse es si parte de estos perversos resultados en muchas zonas del país no obedecen a la forma como se relaciona el gobierno central con todas y cada una de las diversas regiones. Pero la realidad es que cada día el centro del país, donde se toman la mayoría de las grandes decisiones en Colombia, se aleja más de sus regiones. Estas profundas y crecientes diferencias han sido estudiadas seriamente por Adolfo Meisel, uno de los buenos investigadores del país y son el eje de la campaña política de Eduardo Verano que espera con banderas de reivindicación regional, llegar a la Presidencia de Colombia en el 2014. La paradoja es que esto suceda precisamente cuando Colombia es, ha sido y será un país de ciudades, a diferencia de muchos otros de América latina donde en su capital se desarrolla gran parte de su vida urbana. Y para completar esta contradicción, Colombia siempre aparece en el escenario como uno de los países más descentralizados en ésta parte del mundo y se plantea como un modelo a seguir. 

Lejos de afirmar que se requiere centralizar más las decisiones en todas las áreas, lo que es fundamental es identificar donde están algunas de las fallas para que el gobierno central apoye de manera más eficiente la regionalización del país e impida su captura por grupos dueños de todo en cada una de estas regiones. Una tesis que valdría la pena explorar es la falta de conocimiento real del nivel central sobre cada una de ellas a lo largo y ancho del país. Y que esto lleva no solo a que pasen desapercibidas estas capturas perversas de gamonales regionales sino que el nivel central se equivoque en sus intervenciones.

Sin duda no es un tema fácil porque cada una de las regiones se diferencia sustantivamente de las demás en su nivel de desarrollo, en su cultura, en su organización económica y social, además de las grandes variaciones en cuanto en su composición demográfica y étnica. Por consiguiente, es evidente que no es particularmente sencillo desde el gobierno central entender las necesidades de cada una de ellas, su organización, sus fortalezas y debilidades. Sin embargo, si no se entiende su respectiva historia, su nada simple estructura poblacional, su organización social y la magnitud de los desafíos que enfrenta precisamente por no haberse planteado objetivos claros para resolver sus contradicciones y limitaciones y desarrollar todo su potencial, se puede caer fácilmente en nuevos errores que frenen definitivamente su futuro.

Un balance de la regionalización del país, basado en estudios serios, parece inaplazable, antes de que se tomen medidas contraproducentes. En vez de frenar este proceso que acerca el Estado a la gente en un país de 46 millones de habitantes como es Colombia, es posible que se requiera perfeccionar esta primera fase de distribución de recursos y pasar a una segunda, aun más compleja, la de descentralizar el desarrollo, a partir de criterios generales planteados por el gobierno central.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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Febrero de 2013

 
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