EL CARNAVAL DE BARRANQUILLA:
¿UN BIEN PÚBLICO?

Cecilia López Montaño
Barranquilla, Febrero 11 de 2013

 

Colombia un país de reinados  y sobre todo de fiestas populares, reconoce el gran valor del Carnaval de Barranquilla declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como «Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad», distinción que fue concedida en París el 7 de noviembre de 2003. Por ello resulta interesante el editorial de El Heraldo sobre la necesidad de que el Estado, en este caso la Alcaldía de Barranquilla, vuelva a retomar su papel protagónico en el manejo de este evento, precisamente por  su gran contenido cultural.

Nadie puede negar la labor desarrollada por el sector privado que le imprimió un carácter empresarial al evento. Pero desde hace mucho se ha evidenciado la comercialización del mismo que impide por ejemplo en la Batalla de Flores, apreciar el folclor caribeño, opacado por esos camiones, más que carrozas, con unos parlantes a todo volumen, llenos de figuras de la farándula, promoviendo toda clase de productos. Sin duda generan recursos financieros que se utilizan para promover actividades locales, pero ¿hasta donde se desdibuja el sentido mismo de este carnaval?

La otra pregunta que muchos se hacen es si al comercializar estos eventos se han buscado alternativas para que ese pueblo tan creativo tenga la oportunidad de disfrutar de todos los desfiles. Si por el hecho de tener un costo, no se limita a sectores marginales para que lo disfruten. Hace poco TeleCaribe presento un documental sobre como se vive ese Carnaval en sectores muy pobres. La verdad es que la alegría de la gente es evidente pero quedó la duda de si participan o no de los desfiles más representativos cuyos palcos cuestan.

La pregunta que surge del editorial mencionado, resultado de una tertulia sobre el tema, es de gran trascendencia: ¿Debe considerarse el Carnaval de Barranquilla como un bien público? Esta definición no excluye la participación del sector privado en su manejo pero si exige que se cumpla dos requisitos: que no sea rival y no excluyente.

Lo primero significa "que el uso o disfrute por parte de un usuario adicional no suponga una limitación para el uso o disfrute de un usuario que ya hace uso de él. Y que sea no excluyente, quiere decir que "no es posible discriminar qué usuarios lo disfrutarán y quiénes no mediante los precios, puesto que estos no tienen precio, y cualquier usuario que lo desee puede acceder al uso y disfrute del mismo, con independencia de que estos contribuyan o no a su mantenimiento y/o protección". Un debate interesante que apoyaría la propuesta de un papel más protagónico del Gobierno Distrital. La eficiencia siempre se le atribuye al sector privado, aunque se empieza a revaluar esa verdad, pero definitivamente la equidad es la responsabilidad del Estado. Pero esta premisa puede ser cierta si se ignoran los impactos de equidad que muchas veces naufragan entre los objetivos de maximizar ganancias. Lo ideal es esa concertación tan difícil de lograr entre todos los actores privado y públicos que permiten la sostenibilidad financiera de este tipo de eventos pero que por su naturaleza no deben excluir a nadie.

Estas ideas no son para los cuatro días de fiesta, pero si pueden contribuir a un debate importante una vez pase el guayabo y entremos en la Cuaresma. Mientras tanto a disfrutar sanamente y en paz. Los ojos del país seguirán con un poco de envidia este famoso Carnaval. Nos vemos en la Batalla de Flores.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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Febrero de 2013

 
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