EL PARO CAFETERO

Cecilia López Montaño
Bogotá, Marzo 4 de 2013

 

El paro cafetero ha tomado tal dimensión que el Presidente Santos ha tenido que convocar de emergencia al Comité Nacional de Cafeteros para enfrentar la crisis con las autoridades del gremio. Nadie puede negar lo que ha sido el café para Colombia y lo que en el pasado el Fondo Nacional del Café significó en términos del desarrollo de aquellas zonas que eran las grandes productoras del grano. Carreteras, educación y desarrollo en general, hicieron de los productores cafeteros, especialmente de los pequeños que siguen siendo la mayoría de las 500.000 familias, la incipiente clase media rural en la década de los 80.

Hoy la realidad es muy distinta. Después de ser el segundo productor mundial, hoy somos el quinto y países como Perú y Vietnam entre muchos otros, nos han ganado la primacía que tenía Colombia. Ya la zona cafetera no es la misma de hace unas décadas y lo más grave, se levantan como protesta los miles de pequeños productores que insisten no poder cubrir ni siquiera los costos de producción y se declaran en quiebra. ¿Qué esperan? Como siempre, la ayuda de un Gobierno que ha repartido subsidios inclusive a quienes no lo necesitan tanto como este sector rural.

La culpa la atribuyen, aquellos dirigentes cafeteros que no asumen su responsabilidad, a la revaluación. Sin la menor duda, por ser un sector exportador y de pequeña y mediana agricultura, es el que por definición siente el costo de un peso sobrevaluado que favorece las importaciones y acaba con la posibilidad de exportar. Hoy con esfuerzos del Gobierno ya el dólar está por encima de 1.800 pesos pero eso es difícilmente sostenible y además no es suficiente para competir en el mercado mundial del café.

Pero lo que se oculta es que detrás de esta crisis lo que realmente está es el serio problema de competitividad que no solo el café, sino la mayoría de los productos colombianos tienen frente a la competencia mundial. Y es allí donde entra el papel de la Federación de Cafeteros que es realmente la institución que ha diseñado la política cafetera. El gobierno, y también debe ser un mea culpa, no ha sido, no ha podido ser, el que define las estrategias y hoy se ven los resultados.

Que decisiones se han tomado en las últimas décadas para que se haya llegado a semejante crisis, es la pregunta de fondo. ¿Si en las últimas administraciones cuando ya se vio la pérdida de posición internacional no se decidió concentrarse en los cafés gourmet, uno de los mercados más difíciles para competir? Este es solo una de las miles de preguntas. ¿Cuantos pequeños productores están o han estado en el Comité, que sigue con los mismos representantes de siempre que no son precisamente los más pequeños? Otra pregunta. Y así, tanto la Federación como los gobiernos mismos tienen que responder por la pérdida de la posición del café que sin duda se a grava por la revaluación pero que no es esta la única ni tal vez la más importante para explicar la situación actual.

Que ha pasado con los dineros del Fondo Nacional del Café construido, entre otras, como mecanismo de estabilización de precios. Cuantos negocios fracasados ha tenido esta entidad y quien ha pagado por la pérdida de empresas como la Flota Mercante, y otras más. Es la hora de replantear la forma como se manejan estos fondos parafiscales. En su momento el Fondo cumplió una tarea muy importante que impulsó el desarrollo de la zona cafetera. Esto es innegable. Pero lo que está sucediendo era previsible si primero se hubiera entendido la globalización y segundo si se hubiera mirado el mediano y el largo plazo.

Por todas estas razones y muchas más, además del apoyo monetario que el gobierno, o mejor dicho todos los colombianos, tendrán que darles a estas familias, es hora de replantear toda la institucionalidad cafetera y lograr que el gobierno juegue un mayor rol en el diseño de su presente y su futuro. Unos pocos, con intereses personales, no pueden ser los dueños de las políticas cafeteras porque privatizan las ganancias y socializan las perdidas. Como siempre, en este país con instituciones extractivas, como dicen Acemoglu y Robinson.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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