¿SERÁ QUE LA ECONOMÍA NO IMPORTA?

Cecilia López Montaño
Bogotá, Marzo 11 de 2013

 

La muerte del Comandante Presidente Chávez, como lo llaman en Venezuela, ha puesto en evidencia un liderazgo impactante no solo en su país, donde la mitad de su población llora su muerte desconsoladamente mientras el resto guarda una gran prudencia, sino en América Latina y en otros países del mundo. Ya se ha anunciado por parte de las autoridades de ese país, que su cuerpo será embalsamado y durará expuesto otra semana para que su pueblo pueda despedirse de el. 

Para los fríos economistas; para los analistas políticos de América Latina, muchos hechos ameritan una mayor explicación. La mayoría de los indicadores económicos que se utilizan para medir la salud de la economía, en el caso de Venezuela, no andan bien: inflación muy alta, una devaluación del Bolívar que tienen en crisis a las fronteras con Colombia; grandes volúmenes de importaciones de alimentos y productos de la canasta familiar, muchos de los cuales se producían antes en el país. Una dependencia clarísima del precio internacional del petróleo que a su favor está el hecho de que sigue muy por encima de lo histórico, le sigue dando al país  o mejor dicho al gobierno, oxígeno suficiente. La sostenibilidad de la economía venezolana preocupa a cualquier economista que revise su panorama actual. Para muchos analistas, cualquier otro país en esas circunstancias tendría serios problemas de gobernabilidad.

Pero lo que se ha visto hasta ahora por los medios de comunicación y que no se improvisa, es que Chávez es una héroe casi un Dios, para una mayoría de los habitantes de este país.  Carisma sin duda, dicen algunos; se conectó con la gente que había sido despreciada por muchos de sus anteriores líderes, cantaba como ellos, se reía de sus mismos chistes, dicen otros. Pero realmente hay mucho más detrás de esta especie de locura colectiva que estamos viendo frente a la muerte de este hombre, un gran líder, para muchos.

Gran parte de la explicación está en el contraste entre los malos indicadores económicos y los buenos indicadores sociales. Venezuela con Chávez, bajó radicalmente la pobreza de su población; mejoró impresionantemente los niveles de nutrición, de cobertura en salud y educación, de esa población que poco importaba antes, en una Venezuela de gente muy rica pero llena de pobres. Les dio casas y logró que esperaran con paciencia que les llegara lo prometido. Se conectó como nadie con las masas de gente que vivieron la corrupción de sus élites políticas.

Sin duda han avanzado en 14 años, sus opositores pero no lo suficiente como para que perdiera el amor de su pueblo raso. Su mayor prueba fue haber ganado de nuevo su reelección como Presidente cuando sus días estaban contados. La famosa sostenibilidad de las políticas públicas que tanto trasnocha a los economistas y que es evidente para muchísimos analistas, no tocó para nada su prestigio con su pueblo. Lo importante es que tenían un Presidente que les pertenecía. Surge entonces una pregunta obvia: ¿Será que la economía no importa?

La respuesta puede ser positiva cuando millones de ciudadanos reciben lo que siempre se les había negado; cuando se sienten parte de las preocupaciones de su máximo jefe y en eso Chávez resultó un maestro. Colombia con una mayor proporción de pobres; con una profunda desigualdad, debe mirarse en ese espejo. Los equilibrios macroeconómicos siguen siendo la obsesión de sus dirigentes y la calidad de vida de los pobres sigue siendo un tema secundario. Ojo pues, porque es posible que la economía importe menos de lo que muchos creen.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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