LOS POBRES PAGAN
UN ALTO PRECIO EN MONTERÍA

Cecilia López Montaño
Medellín, Abril 22 de 2013

 

A raíz de la molestia que existe actualmente en la Región Caribe por los privilegios que la Nación le ha concedido históricamente a Antioquia, en su más reciente artículo, Oscar Montes se refiere a la pobreza de la clase dirigente, léase clase política, de nuestra Región. Y señala una anécdota que puede reforzarse con la siguiente: en 1997 o 1998, se presenta ante la dirección de Planeación Nacional el gobernador de Antioquia con un plan de desarrollo para su departamento, obviamente para pedir refuerzos fiscales del nivel nacional que garanticen su ejecución. Poco después, se presenta un senador de Córdoba, y para sorpresa de Planeación Nacional, venía a pedir unos recursos para comprarle tejas a una escuela ubicada en un barrio de Montería donde tenía gran parte de sus votantes. Es decir, mientras de Antioquia venían planes ambiciosos, de Montería solo llegaban lo que en su momento se llamaron "chichiguas."

Lejos de mejorarse esta situación, con el paso de los años se ha empeorado y se ha expandido a muchas otras regiones del país. Ahora es pan nuestro de cada día, que a diferencia de Antioquia, las otras regiones, especialmente del Caribe, solo piden puestos y contratos que benefician a la clase dirigente, y ya ni siquiera piden "chichiguas." Si a esto se suma la robadera que se ha extendido a ciertos sectores en los cuales se ha dado una perversa relación entre política y negocios, la posibilidad de mayores recursos nacionales se llena cada vez más de trabas. Entendibles sin duda, pero que frenan el bienestar de los sectores más débiles.

Córdoba y Montería en manos de una clase política que solo hasta ahora presenta algunos signos de renovación, y dominada por largo tiempo, entre otras por los López Cabrales, liberales privilegiados por el Partido Liberal, muestra claramente las consecuencias de este tipo de politiquería, de clientelismo puro. Entre las 13 principales ciudades de país, es Montería, seguida de Pasto, la ciudad con los peores indicadores: pobreza, 36,9%, indigencia, 6,3% y el peor indicador de concentración de ingreso con un GINI de 0,501. Nada que ver con ciudades como Bucaramanga que ha llegado a la cifra del 10% en pobreza, casi no existe la indigencia y tienen la sociedad con menor concentración del ingreso.

Pero la culpa de esta situación no la tienen solo los políticos sino sus clientelas, que por unos míseros pesos les dan el voto para que se eternicen en el poder sin que reciban nada de lo que les prometieron. Pero parece que no aprenden. Es tal la necesidad y la falta de visión de futuro que el mercadito, los pocos pesos, el cemento, la promesa de un puesto, los lleva a repetir la historia. Pero llegó la hora de sacudirse y pasarle la cuenta de cobro a esa clase política que con gran poder en Bogotá, solo piensa en sí misma, y no en esa población que ha sido engañada permanentemente. Exijan y también reclámenle al Gobierno nacional que deje de patrocinarlos, de apoyar su poder regional. Ellos viven en bellas casas donde se hospedan los jefes de los partidos, que al final, también les hacen conejo a sus votantes.

Nuevos liderazgos, desvinculados del paramilitarismo, de la corrupción, deben ser apoyados. Y a propósito, los ricos de esa región no deben limitarse a crear fundaciones   que solo ayudan a unos pocos sino que deben además pagar los impuestos que les corresponden al pertenecer a esa minúscula clase privilegiada de este país. Paguen los sueldos que tocan, formalicen la situación de sus trabajadores y denle al Fisco lo que les toca. Si además quieren hacer fundaciones para favorecer a unos niños pobres, perfecto, pero esto último no sustituye sus verdaderas responsabilidades económicas y sociales con un país que todo se los ha dado.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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