MUJERES: SE TRATA DE
LA AUTONOMÍA Y DEL PODER

Cecilia López Montaño
Bogotá, Marzo 4 de 2013

 

Las mujeres de hoy no somos las mismas de hace un siglo y ni siquiera de las de hace 50 años. Es tan dinámico el cambio que muchas de nosotras nos parecemos más a nuestras nietas que a nuestras hijas y definitivamente estamos muy alejadas de lo que fueron nuestras madres. Ellas fueron personas que mantuvieron sus hogares a pesar de todo; que desplegaron generosidad, tolerancia, amor desinteresado, y por qué no decirlo, grandes niveles de frustración personal, cuando los hijos empezaban su vida independiente y se encontraban con relaciones frías, exigentes y poca valoración de su infinita contribución al éxito de los demás.  

Sin duda hoy estamos supuestamente empoderadas y más nuestras hijas y nietas: somos en promedio más educadas que los hombres en Colombia y en el resto del mundo; vivimos más años y lo más importante tenemos más años de vida saludable que ellos. De nuevo aquí y en Cafarnaúm. Muchas cosas han cambiado pero una frase resume la situación que sobre todo nos importa a las mujeres: nosotras estamos buscando a un hombre que no ha nacido y los hombres, con menos trabajo que nosotras, siguen buscando a aquella mujer que ya no existe: la resignada, la encerrada en el hogar, la dócil. Difícil recordar quien lo dijo primero, pero es una gran verdad.

Llegamos a un punto de quiebre donde es evidente que no es suficiente seguir educando a las mujeres y mejorando su acceso a los servicios públicos porque lo importante, que es su autonomía que empieza por la independencia económica, se frustra al llegar al mercado laboral. En ningún país del mundo, la proporción de mujeres que accede o trata de de llegar al mercado laboral, es igual al de los hombres. Es decir, no obstante estar crecientemente más preparadas que ellos para contribuir al desarrollo, no se han derribado las barreras que permitan ser reconocidas como agentes de crecimiento económico. Como el mundo sigue manejado por los hombres, nadie ha calculado y ni siquiera preguntado, cuál es el inmenso desperdicio que se está haciendo, educando al 50% de la población, mujeres obviamente, para que se desvalorice su esfuerzo ante la imposibilidad de equidad en los mercados laborales del mundo.

Donde están las barreras: obviamente en los valores patriarcales que lejos de evolucionar se acentúan ante el avance de las ideas conservadoras. ¿Y cómo se expresan? Asignando a las mujeres las tareas que se desprenden de la división sexual del trabajo que les asigna el cuidado del hogar y la familia y a los hombres la generación de ingresos. ¿Que esto ha dejado de ser cierto y que hoy pocos hogares sobre viven con un solo ingreso? Cierto, pero ¿cómo le va a las mujeres que se lanzan a combinar cuidado y trabajo remunerado? Sufren de pobreza de tiempo, agotamiento, discriminación, bajos salarios, alto desempleo, informalidad. Y en sus hogares y en la sociedad, censura y tensiones agotadoras. Las mujeres jóvenes dirán que ellas no sufren de esto. Esperen y verán cuando tengan hijos y sus jefes las frenen para ascender; es el famoso techo de cristal invisible pero real. Subimos hasta donde los hombres no lo permiten. Y si no, a quedarse solas, opción que muchas mujeres en el mundo están tomando mientras se logra derrumbar las barreras. 

El discurso tiene que cambiar y lo tenemos que hacer las mujeres porque en última instancia de lo que se trata es de compartir el poder que ha sido absolutamente dominado por los hombres. Del empoderamiento a la autonomía económica y esto empieza por: primero reconocer que la economía del cuidado, esas labores realizadas fundamente por mujeres pero que pueden ser ejecutadas por terceras personas, tiene un valor económico, hacerlo visible y distribuirlo entre el Estado, el mercado y los hombres.

Se valora el cuidado de las personas, del ambiente, de los animales, que hoy está en crisis, y se mejora su calidad; se libera el tiempo de las mujeres que pueden acceder en mayor proporción al mercado laboral; se genera demanda de mano de obra por parte del Estado, del mercado y del sector privado que necesitan hombres y mujeres para asumir estas nuevas responsabilidades a su cargo y se aumenta el producto del país porque todo esto que antes era desconocido, adquiere valor económico. Es el camino al poder y a la igualdad de género porque no es una utopía. Estamos en camino de lograrlo.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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