LOS LÍDERES DEBEN SER AUTÉNTICOS

Cecilia López Montaño
Bogotá, Mayo 6 de 2013

 

Desde que los asesores de imagen se inventaron que los líderes deberían manejarse como productos altamente comercializables, las figuras políticas, entre otras, se ven sometidas a la tiranía del mercado. Se busca entonces que cada uno de estos personajes "se venda" a un público exigente, que tiene sus propias ideas de cómo deben ser estas personas. Y el resultado no siempre es el mejor. La razón es muy simple: en vez de resaltar las fortalezas de la persona para no mostrar demasiado sus debilidades, propias de todo ser humano, muchas veces se desfigura al individuo sobre quien la gente tiene claro su perfil, como es obvio, por su misma trayectoria pública.
 
Algo de esto le está pasando al Presidente Santos, que cambia con demasiada frecuencia de asesores de imagen, cuyo éxito se mide por los resultados de favorabilidad presidencial que muestran las encuestas de opinión. El país sabe que el Presidente Santos siempre ha sido distante, discreto en su vida personal, cachaco de pura estirpe y definitivamente no costeño; en Bogotá lo visten sastres ingleses y cuando no, sus trajes son hechos con paño inglés, como todo bogotano de clase alta. Nadie se lo imagina cómodo en piyama o calzoncillos recién levantado, leyendo prensa vallenata y sentado en un puff de plástico. Muy forzada la escena, que hubiera salido mejor si la foto se hubiera tomado en una mesa tomando el desayuno típico de la región. Ya sería suficiente sacrificio, pero creíble, comer tortuga o cabrito "esmechao."

Con este país tan light, imagínense a Michelle Bachelet, que con seguridad será reelegida como Presidenta de Chile, si en vez de su ropa sobria, con la cual siempre se le ve muy cómoda, para ir a la costa, tierra caliente, la vistan de Silvia Tcherassi, enredada entre collares y trajes livianos y para Bogotá, la pongan en manos de una de nuestras diseñadoras acostumbradas a elaborar vestidos para tallas entre 0 y 4. Pero que además, de paso la sometan a la tortura de un "personal trainer" que lograría quitarle esa lozanía en su rostro, que todas envidiamos. Y finalmente, como aquí tener el mismo peinado no es muestra de estilo propio, la obliguen a peinarse de otra manera para que deje de lado esa simplicidad que la caracteriza y que tanto gusta. ¿Qué tal? Por fortuna ella ha logrado, y habría que preguntarle cómo lo hizo, mantener su estilo personal y ser la mujer brillante, encantadora y seria que ha vivido de acuerdo a sus principios.  

El Presidente Santos tiene sus virtudes y no solo defectos, como todos los mortales. En este  mundo globalizado, tiene la gran cualidad de tener mundo - jamás haría el oso de ponerse el frac que usó Uribe- y habla muy bien inglés, de manera que no nos avergüenza cada vez que sale al exterior o que nos visita una importante figura internacional. Tiene esos modales propios del cachaco fino y se mueve como pez en el agua en los altos círculos internacionales. Y su gran defecto, ser gago, lo ha corregido mucho con discursos improvisados y breves. Y como no es un gran orador, no abandona el tele-prompter, que maneja muy bien.

En fin, lo más importante para un líder es ser auténtico, obviamente resaltando sus virtudes y tratando de corregir sus defectos, pero no convirtiéndolo en lo que todos sabemos que no es. Eso lo deberían tener claro los asesores de imagen del Presidente Santos porque los colombianos no son bobos, por el contrario se pasan de vivos.  

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

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2o. Trimestre de 2013

 
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